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domingo, 3 de octubre de 2010

POEMAS DE LA ALEGRÌA DE QUERER DE J.A.N


Dejo algunos poemas de la alegría de querer de JAN que no leía hace mucho pero que me mueven el corazón y me antojan de amor de colegio:

CUANDO PASAS
Cuando pasas,
se cae un cuaderno
un pie tropieza,
se escurren unos anteojos,
se oprime una garganta,
un par de manos sudan,
se extravía una bufanda.
Lo que ocurre
es que el cuaderno,
el pie,
los anteojos,
la garganta,
el par de manos
y la bufanda
Están locos por ti.

¿Me haces un favor?
—¿Me haces un favor?
 —¿Qué clase de favor?
—¿Quieres tenerme mis avioncitos durante todo el recreo?
—¿Durante todo el recreo?
—Sí, es que tú eres mi c i e l o .

Te has ido
Te has ido
y una luna sucia flota sobre
el agua.
Te has ido
y ya no me queda nada por
hacer;
solamente meterme al lago,
coger con cuidado a la luna
sucia
y limpiarla con mi manga

Cómo no me vas a querer
Cómo no me vas a querer
si soy un bombero heroico
que acaba de salvar a un gato
al que se le incendiaban
seis de sus siete vidas.

Cómo no me vas a querer
si soy el capitán de la nave
que se posa suavemente
en una América del Sur
de un planeta lejano.

Cómo no me vas a querer
si acabo de ganar
-por amplio margen-
la vuelta a Colombiaen bicicleta
y el Tour de Francia
Y definitivamente
cómo no me vas a querer
si soy capaz de soñar todos
los sueños,
incluso el más lindo de todos:
soñar que tú me amas.

Supe que te amaba
Supe que te amaba
-más allá de toda duda-
el día en que estabas
colocando un clavo en
la pared
y te golpeaste con el
martillo
y a mí me empezó a sangrar
el dedo pulgar.

Y a mí qué me importa
Y a mí qué me importa que
ya no me quieras.
¿Es que acaso no oíste
cuando hace seis meses,
dos días, cuatro horas,
quince minutos y tres
segundos,
te dije: —Hágame el favor
y me tiene mi cariño y
mi bufanda
que dentro de un rato vengo
por ellos.
Claro que no estoy negando
que hace seis meses,
dos días y cuatro horas, me
devolviste la bufanda.

Ayer por primera vez
Ayer por primera vez
supe lo que era la aritmética
cuando, sin que nadie se
diera cuenta,
me besaste en los labios.
Ayer por primera vez
supe que 1 más 1 son 1



jueves, 8 de abril de 2010

OPERACIÓN RESORTAZO

Tengo que reconocer que la facilidad de sensibilizarme por las causas éste semestre me ha llevado a una depresión que me ha impedido sentarme a escribir una nueva entrada para el blog, pero como no lo quiero cerrar, voy a reivindicar su nombre y los voy a poner a danzar en una galaxia de algodón con algo que escribí hace ya cierto tiempo, es la historia de una amiga que hoy publico sin permiso porque no lleva su nombre, pero espero ella sepa que lo hago con mucha ternura, entre otras porque últimamente me he encontrado con genocidios, desapariciones forzadas, torturas y esclavitud, y no voy a hacer una entrada gris.

I

-Vale, entonces nos vemos en el parque después del almuerzo- me dijo él,

-Bueno, hasta entonces- le contesté, sin ni siquiera poderlo mirar a los ojos, sonrojada y con una sonrisa que no sabía porqué se aparecía por mi cara cada vez que él se acercaba mi. Acto seguido, me dio un pico en la mejilla y los dos salimos a correr; mis amigas, que estaban vigilando la cita desde la ventana de la casa de Lauris, reían sin parar.

Todas las niñas se reían de mi por no saber como se despedían los novios, así que mis amigas decidieron darme una lección de cómo hacerlo, después de hacer reuniones e ingeniarse todo un plan que incluía desde mi forma de mirar, hasta el color de la tinta del esfero que debía usar para escribirle la carta -medio según ellas y los dibujos animados sería el más apropiado para comentarle ese tipo de cosas a mi novio- explicándole a Pablito como se despedían los novios. Recuerdo que fue a la salida del colegio, todas me rodearon y empezaron a susurrar frases que en mi cabeza resonaban y hacían imágenes confusas y desconocidas como: -uno tiene novio para darle picos, o –pero tu tienes que decirle a Pablito que si no te da un beso de resortazo no pueden seguir siendo novios, la pregunta consiguiente fue: ¿y cómo se da un pico de resortazo?, y mis amigas, expertas en teoría del tema, porque en realidad yo era la primera de mis amigas que tenía novia, procedieron a explicarme la técnica del beso de resortazo:

-Tienes que acercarte y cuando sientas que te toca los labios te alejas inmediatamente porque o sino se quedan pegados - dijo Lauris.

-Y además tiene que ser rápido porque los niños a veces comen gusanos… - dijo Rocío que tenía un hermano apenas menor que nosotras, y por eso era la experta en el extraño comportamiento que empezaban a tener los niños

- No eso no importa, tu sólo tienes que hacer como un resorte, apenas te tocan, tu rebotas- todas rieron pícaramente.

Con las clases de mis amigas y sus ansias por ver si su estudiante había aprendido, la siguiente cita que tuve con Pablito fue el doble de vigilada que la anterior, mis amigas rondaban por ahí y me repetían: acuérdate, de resortazo; se referían a un pico en los labios que no duraría mas de unos pocos segundos, pero claro, el acto preparatorio era todo un rito, yo debía acercarme a él, pero no mucho porque me habían advertido que era él quien debía darme el pico, él y no yo, además tenía que estirar mis labios, pero no mucho porque parecería un pato, además estaba el punto de cerrar los ojos y … aún no me explicaban como iba a encontrar su boca si tenía los ojos cerrados.

II

Esa tarde comí pasto porque la perrita de Laura lo hacía y si ella había tenido ya 6 perritos era porque así se hacía, me lavé muy bien los dientes, inclusive use enjuague bucal y guardé en mi bolsito la carta que me habían dictado mis amigas, era una carta escrita en tinta verde porque en la tele decía que así se enamoraban los niños, doblada en forma de corazón, con perfume de mi mamá porque tenía que oler a mujer y el mío olía a bebé, y para cerrar con broche de oro, con la huella que dejaron mis labios cuando usé el labial rojo que me llevó Susana al colegio para que la adornara y se viera más “sexy”.

Cuando lo vi, el corazón me saltó, juro que sobre mi sweater se alcanzaba a ver como algo se impulsaba en un trampolín y hacía maromas antes de volver mi pecho; él me saludó como de costumbre, de pico en la mejilla, traía una colombina de colores para mí, y de nuevo la sonrisa se asomaba por mi cara, que para entonces ya había tomado un color intenso, quedé atónita… aún no lo podía creer!, se acordaba que me gustaban mucho las colombinas de colores, era demasiado especial!!!; y yo, yo no le había llevado nada, (eso también me lo explicaron mis amigas después, me dijeron que él por lo general me iba a llevar cosas, pero que yo no tenía que hacerlo), en fin, el hecho es que nos comimos mi colombina entre los dos, recuerdo que yo sentía que tenía mariposas en mi estomago, tiempo después fui al médico y me dijo que eran lombrices y que no eran tan buenas como yo creía…

Seguí el plan al pie de la letra, después de jugar en el columpio, fingí que estaba cansada y me senté en el lugar estratégico que Lauris me había señalado en el plano del parque, plano que habían hecho Susana y Rocío en la reunión pasada para que nada se saliera de control y ellas pudieran escuchar; después de un corto de silencio, nerviosa metí la mano en mi pequeño bolso, saqué a Marina, mi muñeca, y encontré aquel corazón perfumado, le dije que cerrara los ojos y que abriera la mano, le puse la carta en su mano

-ábrela- Pablito abrió los ojos y se sonrojó,

-¿Para qué me pedias que cerrara los ojos?

-porque quería que tuvieras la carta en tu mano, pero no sabía como entregártela,

- jajaja- se hecho a reír- las niñas sí que son chistosas- y se la guardó al bolsillo

-pero léela- me tembló la voz, aún no podía creer que fuera tan insensible, era un corazón y lo había guardado en su bolsillo sin que pudiera él palpitarle, sin siquiera darse cuenta de que estaba perfumado.

-cuando esté en mi casa

-no, tiene que ser ahora porque necesito que sepas algo

-segura?, porque aún no he aprendido leer de corrido – y se sonrojó-

- no importa, yo te espero.

Huy, fueron eternos los instantes que tardó en leerla, alcancé a imaginar que el dragón que me visitaba en los sueños estaba detrás mío riéndose porque de mis mejillas estaban más calientes que la llama que él arrojaba, pero era inevitable, cuando Pablito se me acercaba a una cuadra de distancia, inmediatamente parecían pintadas por muchos platos de crema de tomate. Mi paciencia empezaba a agotarse y el acróbata que vivía en mi pecho no paraba de practicar su rutina; por su parte las lombrices, que yo creía que eran mariposas, revoloteaban por la selva de colombina de colores en que se había convertido mi estomago,. Al fin terminó de leerla

-mmm, sip yo también quería decírtelo- Dijo Pablito en voz baja y no muy decidida

Y un sonrisa tímida llenó el silencio que hicimos los dos.

-Bueno, entonces chao Pablito, me tengo que entrar a hacer la tarea de mate

-Bueno, chao, ehhh-

Me sudaban las manos, me temblaban las piernas, no podía verlo a los ojos… pero antes de que yo pudiera reaccionar, sentí como el arcoíris se chocó contra mis labios y el caramelo de la colombina hizo que supiera a dulce…

-nos vemos mañana en clase, te quiero mucho y gracias por la carta

Y salió corriendo sin más, afortunadamente mis amigas estaban cerca y pudieron recogerme cuando sentí que me desmayaba, todas reían muy nerviosas y se sentían las mejores detectives del planeta, la operación resortazo había salido como lo habían planeado.

Después de eso ya no jugábamos a la casita de las muñecas ni a maquillarnos, jugábamos a planear citas, hacíamos planos del colegio para ubicar el lugar exacto en el que debíamos encontrarnos para hacer pilatunas… creo que fue la mejor época de mi vida.

Cuando crecí supe que él no sabía que me gustaran las colombinas, sino que estaban en promoción y todas las mamás las compraban para enviarles de onces sus hijos y que él la sacaba a hurtadillas de la gaveta, que Pablito al igual que yo, tenía todo un plan con los amigos. Sin embargo, no puedo parar de recordar que fue una época en la que salía a jugar con la espuma de las olas y el violacio del cielo, todo era tan simple entonces.

Ahora comprendo que lo hermoso de mi primer novio fueron precisamente esas lombrices que mi mamá mataba con purgantes, el que el novio fuera de todas mis amigas y llevaran la relación a su antojo, esos hoyuelitos que mis mejillas armaban cuando lo veían, pero sobre todo la inocencia del parque y la frescura del mar en la tarde.

Esa inocencia que hizo todo tan puro y divertido, que hoy, después de tantos años sigo recordándolo, aún cuando no pude volver a ver los planos del parque, ni la sonrisa de Pablito, porque en la oscuridad que protegen estos lentes, sólo es posible recordar el arcoíris acaramelado que vi aquella tarde, pero ni el mar, ni su rostro, y muchos menos los colores de las colombinas que tanto me gustaban puede volver a ver.


MARY ALEJANDRA HERRERA BUITRAGO

lunes, 3 de agosto de 2009

é l , d e m e n t e

Organizando mis archivos en el pc encontré algo de lo que escribí el semestre pasado y creo que para empezar, ésta historia del color que cada uno le quiera poner, estaría bn así que ahí la dejo para que pierdan su tiempo.

Para qué describir aquel lugar maravillosos a donde se supone vamos todos cuando morimos si podemos describir aquel al que la imaginación nos lleva cuando estamos enamorados o el espantoso que asecha nuestras noches de desvelo cuando el miedo habita en nuestro corazón. Todo lo que contaré sucedió dentro de un cuarto que imagino está en la mente de todos, su luz no es visible, pero todos sabemos que ahí no hay oscuridad.

Aquel día Valeria estaba ahí, su cuerpo lo habitaba todo, los olores y los sonidos, todo en ella se escapaba. Días antes habían estado Esteban y su familia hospedados en el cuarto contiguo, de no ser por que volvieron su paso por allí habría sido desapercibido y mucho más para Valeria que estaba acostumbrada a los ires y venires del cuarto contiguo. La visita transcurrió sin novedad alguna, apenas si se conocían y sus miradas se cruzaban, las cosas seguían su curso, si es que lo tenían.

Ése día, el día que ocurrió lo que intento contar, Esteban volvió, pero no al cuarto contiguo, sino a éste, Valeria que estaba tan dispersa sintió su presencia y desde el otro extremo de la fría habitación buscó sus ojos, no encontró en ellos lo que buscaba, pero fijó su atención en esas dos señales de vida que se encontraban en aquel lugar, él contrario a lo que pasa cuando se está predestinado en una historia a conocerse, no la vio, no quiso hacerlo, de ser así sin esfuerzo alguno lo habría logrado, se limitó a escrutar el lugar con su mirada y delicadamente guió sus manos por las paredes de la hostil habitación, su recorrido no alcanzó a terminar cuando un llamado exasperado de Helena interrumpió su inspección.

Valeria seguía inmóvil, solo observaba sus ojos musitar alrededor del lugar mientras sus dedos intentaban rodear la habitación buscando quien sabe qué. Cuando Esteban se percató de la presencia de Valeria, ella huyó de sus ojos y se sonrojo, su expresión parecía un intento de excusa, y con un susurro casi imperceptible le saludo, Esteban sorprendido por su reacción se acercó lo suficiente para sentir el calor de su cuerpo sin generar el menor contacto, le sonrió y disfrutó del silencio por largos segundos, -qué haces acá- dijo ella con un hilo de voz. De repente se movió todo, frente a sus ojos las paredes cambiaron de lugar, ya no eran 4 paredes dispuestas en un rectángulo, ahora eran 5, una entrecortada en la otra, pero ni siquiera ello logró sacarlos de sí.

-No lo sé, muchos entramos y salimos de muchas partes sin saber porqué o para qué esperando que eso o afecte nuestro oculto objetivo... bueno, ya sabes esa crónica insatisfacción…- hubo un silencio, una aprobación a la falta de respuesta, Valeria realmente no esperaba nada así que poco le interesaba lo que Esteban pudiera decir, lo único que los ataba era esa atracción que les impedía soltar sus y repelaba sus rostros impidiendo que la tensión se anulara- creo que busco una respuesta, creo que aunque me agrada estar cerca de ti, no fue esa la razón de mi visita- dijo Esteban tan fríamente que la temperatura disminuyó notablemente.

- y la encontraste?.

-Aún no.

-Y crees que la hay, es más, hay una pregunta que necesite una respuesta que se encuentre en mi habitación?.

-No- respondió él, pero su voz flaqueó y antes que Valeria pudiera reaccionar se alejó, notó el cambio del lugar, notó la quinta pared, estaba lo suficientemente confundido como para sospechar que ocurría, quiso aclararse, intentó recostar la frente sobre el muro frío,sin mucho exito en realidad y perturbado por la situación, por aquella mujer seductora y pero imposible, después de un instante volvió a encontrarla en su ángulo de visión un tanto alterado para entonce,... seguía en el mismo lugar.

-¿Quién más vendrá?

-Nadie más, ellos esperan a fuera, no entrarán.

-No debiste volver, regresar es siempre más peligroso. Sentí el movimiento de tu cuarto la semana pasada, entré mientras descansaban, encontré esto- y sacó del bolsillo una envoltura dorada- bueno cuando lo encontré tenia un chocolate, si es eso lo que buscas de la caja que está en esa esquina toma los que quieras y por favor vete.

-¿robaste un chocolate mientras descansábamos?

- Sí pero te lo estoy devolviendo, tómalo y vete.

Esteban se acercó a la delicada caja, la abrió y tomó unos cuantos chocolates, después probó uno y sonrió, -son mejores que los míos, me llevaré algunos- los dos rieron y tras unos instantes el ambiente se distensionó, aparecieron dos o tres paredes más, jugaron a las escondidas y compartieron un par de bombones.

Esteban era un hombre maduro y serio, ella una mujer madura y sería, la habitación, ni madura, ni sería, solo caprichosa y rebelde quería jugar, sentir que reían y corrían, y en un primer momento así fue, pero Esteban recordó de repente el grito de Helena que se había producido hace algún tiempo, así que detuvo a Valeria, se despidió y empezó a pasar sus manos con la mayor delicadeza por la pared opuesta a la puerta, siguió una por una hasta dar la vuelta, Valeria retomó su lugar y se prometió así misma hacer silencio a menos que él le pidiera lo contrario.

Ahora cuando todo aquello ha pasado me pregunto que tenía en la cabeza Valeria ¿para qué el silencio si ella sabía de ante mano que lo que él buscaba trae consigo el silencio sin importar si antes lo había o no?. Sin embargo así lo hicieron, ella en silencio y el siguiendo un rastro que solo el imaginaba alrededor de su imaginación.

Las horas pasaban y cada vez aparecían, más y más y más paredes, de modo que él jamás podría recorrer toda la habitación, cuando estuvo lo bastante estrecha como para que Valeria no soportara más la ausencia de su compañero aún cuando lo tenía tan cerca, posó sus manos cálidas sobre su rostro, se perdió en sus ojos; él, sí él porque siempre “él” será mejor que Esteban, desesperado lo único que vio fue un mar de magma en sus ojos, su corazón se dedicó a delatarlo su sonido era fuerte y casi parecían golpes de un melódico tambor, su mente aún no lograba enfocar la imagen. todo era fuego y liquidez, magma que se agita impulsado por la temperatura y algún fenómeno físico que un estudioso podría explicar, en medio de lo que sentía su boca hablaba con la ayuda de algunos órganos formando un sistema sin guía que le pusiera orden lógico a lo que balbuceaba:

-¿Porqué es tan malo regresar? ah?, porqué no puedo volver?, cuál es tu afán por que me valla?- era un balbuceo deseperado y sin control, màs bien mudo y nostàlgico, lleno de fuego, de lìquidez, de nostalgia y finlmente con el frio que él solía generar forjaba piedras de sensaciones que solo se pueden comparar con las mariposas que "los cursis" sulen sentir.

-No he dicho nada, solo he decidido tomarte porque cuando queremos algo lo tomamos y lo hacemos nuestro, a veces lo conservamos intacto y lo sepultamos en un baúl al que el travieso viento que con todo juega y todo lo cambia tiene restricción de entrada para que no pueda pasar a darle un respir, hay quienes prefieren darle respiración boca a boca cada vez que lo sienten ahogado; otros lo exhiben como un trofeo pero igual lo asfixian en una fina vitrina; yo soy de las que lo expone al cambio, lo sujeta al calor para que se haga blando y al cambio para que su forma no sea una sino la huella de varias.

-Valeria no puedes pretender que cambie para ti...- algo de sensatez volviò a su mente en quel momento- ahora voy de salida, otro día te lo explicaré, cuídate, como bien, adecua tus horarios la vida habitual, endulza el café de las mañana y no dejes de compra esos deliciosos chocolates que sólo aquí puedes conseguir, por el resto de excesos no te preocupes, estaré bien.

Y empezaron a desaparecer lentamente y en orden las paredes.

-¿Cómo sabes mi nombre, jamás lo mencioné, no hay placas, no hay letrero ni registros, de donde lo sacaste?

-Es parte de la habitación, siento que éste lugar es Valeria, siento que cada lugar esta llenó de ti, esa pared te ha visto dormir, y aquella dice que le encanta verte sonreír, he sentido en la habitación contigua el olor a frutas de tu cabello y ahora soy parte de ésta habitación, y para ella declaro, para que quede en el ambiente grabado, que me encanta el frío y la quietud, que me molesta tu alegría y calidad, eso es todo, permiso- esquivó su mirada y la atravesó.

Valeria lo miró, una lágrima recorrió su rostro, cerró los ojos, puso las manos de Esteban sobre su cuello y sin oponer resistencia le permitió a su corazón que dejara de latir antes de permitir que él quisiera jugar con los demás a formar un laberinto del cual todos eran la puerta.

Esperaba pacientemente el día que pudiera ella frecuentar su aliento y el hedor de su piel sin sentirse culpable a nadie se le ocurre suicidarse por un ser racional… fue traicionada y el amar no implica que el otro también lo haga, eres feliz sin pensar en el otro.

Dice la historia que el amor nunca la dejó morir, habitar y escapar, nada más. Es la historia más real que he contado, porque la imaginación puede también enamorarse de su mente, él, el d e m e n t e puede también inspirar en la más absurda forma un sentimiento tan humano y hacerla un portal…